Està imponièndose como una nueva moda o corriente en el mundo polìtico; los denominados outsiders, que sin militancia previa en ninguna corriente o agrupaciòn polìtica, aparecen como posibles candidatos a la presidencia de la Naciòn.
Los medios lo sostienen asiduamente, consultoras de opiniòn pùblica los miden en sus encuestas y algunos con recelo y otros sin trabas o pruritos no niegan expresamente la posibilidad.
La característica de un outsider no haber tenido vìnculo previo concreto y frecuente con la denominada “casta polìtica”, como la bautizara con ènfasis Javier Milei, para arremeter contra ella y con resonante èxito, Hoy Milei forma parte destacado de la casta vituperada y era obvio que ello sucediera.
El poder, su ejercicio, los consensos, el diàlogo y los disensos se concretan preferentemente entre polìticos, entre la propia casta.
Algunos de los apellidos englobados y presentados como outsiders, estàn erròneamente ubicados en esa categorìa.
Nos referiremos en especial a los casos concretos de Daniel Hadad y Jorge Brito. Ellos forman parte desde siempre de lo que podemos tambièn denominar la casta. Son actores permanentes vinculados a la casta polìtica y bien relacionados con ella y en algunos casos demasiados cercanos.
El padre de Jorge Brito, fallecido tràgicamente en un accidente de helicòptero que el mismo pilotaba, interactuò sostenidamente con Sergio Massa, uno de los miembros destacados e integrante del cuadro de honor de la casta polìtica. Su relaciòn era muy cercana, fraternal e inclusive fue aportante financiero sostenedor del espacio Frente Renovador. Cercanìa que asimila.
Con la muerte de Jorge padre, su hijo, heredò la conducciòn del grupo, manteniendo la relaciòn con Massa, aunque no de manera tan explìcita. Recatado. Trato frecuente, con mayor distancia.
Daniel Hadad, es un miembro claro y evidente de la casta polìtica. Esto no le impide el derecho legìtmo a incursionar en polìtica y hasta aspirar a ocupar la presidencia de la Naciòn. Lo que no es admisible es que se lo califique como outsider y que el no corrija esa definiciòn.
Nada que ver estimados lectores. Memoria: recordemos cuando ejercìa al aire su profesiòn de periodista en televisiòn. Diariamente de lunes a viernes, a medianoche por canal Amèrica, junto a los periodistas Eduardo Feinman y Antonio Laje, en el programa denominado “Despuès de hora”, se ocupaban de analizar la polìtica en el momento de mayor crisis del gobierno de Fernando de la Rùa. La participaciòn no era inocua.
Al aire celebraron con aplausos la renuncia de Domingo Cavallo al ministerio de Economìa.. Cotidianamente tambièn anunciaban con ènfasis el aumento del riesgo paìs, en ocasiones con efusividad indebida.
Su actividad posterior como dueño de medios de comunicaciòn, oscilò entre la innovaciòn exitosa en el periodismo digital, su ampliaciòn y cobertura de Europa y Amèrica y las vicisitudes negativas que lo obligaron a desprenderse de radio y canal de TV., por su mala relación con la casta polìtica gobernante de ese momento, al tiempo que era apañado, con justa razòn, por la casta polìtica opositora. Bien de casta.
Habrìa innumerables episodios para mencionar su pertenencia a la casta. Nos centraremos en lo ùltimo.
Versiones confiables, no desmentidas por Hadad, señalan que recientemente habrìa visitado en Olivos al presidente Javier Milei. Entre lo abordado, le habrìa afirmado que en caso de decidirse a postularse para acceder a la presidencia, Milei serìa el primero en ser informado.
Milei le habrìa respondido; “No te preocupes, compito contra yo mismo”. Diàlogo de casta.
Todo ciudadano tiene derecho a insertarse en la actividad polìtica. Puede ser un soplo de aire fresco, inclusive.
Hay que ser precisos para clasificar a los outsiders. No todos los incluìdos pertenecen a dicha categorìa.
Son versiòn distinta de la casta, que es màs amplia que la casta polìtica





