Se venía preanunciando por declaraciones y alusiones anteriores, pero resultaba imprevisible imaginar o prever la ferocidad de la puesta en escena.
Trump había calificado de dictador al presidente ucraniano por haberse extendido en su mandato caducado. No tuvo en cuenta la constitución de Ucrania que excepcionalmente permite la continuidad en el cargo, si la duración del mandato ha vencido, en circunstancias extraordinarias especiales; la guerra, una de ellas.
Inquirido por la prensa estaoudinense al respecto, Trump expresó:”¿Yo dije eso?, siguiente pregunta”, como si nada hubiera dicho.
Luego del improperio de la dictadura, cambió el tono del discurso, avanzó con un interés marcado en la riqueza mineral de Ucrania y finalizó con una invitación a una reunión en el salón Oval de La Casa Blanca para firmar un pacto para la explotación de dichos minerales y avanzar en conseguir la paz.
Vale la pena recordar que mientras calificaba de dictador a Zelensky, el presidente de EEUU se había referido a la necesidad de que Dinamarca ceda el control de Groenlandia a EEUU, que el canal de Panamá , construído por la nación americana, se convierta en propiedad de su país, que Canadá sea el 51 estado de la nación americana y en una visión bizarra y extrema aludió a la “Riviera del Medio Oriente” indicando la reurbanización de Gaza.
Desatinos y extremismos de un “verdadero demócrata”.
En paralelo, el secretario de Estado Marco Rubio, otrora gran defensor de la gesta ucraniana y crítico de la invasión rusa, con la fe de los conversos realizó un giro de 180 grados.
Obvió y olvidó su anterior postura en pos de ordenar “ la necesaria relación con Rusia y China”. No más país agresor ni la defensa de la integridad territorial de Ucrania.” Necesitamos normalizar la relación con China y Rusia, países con poderío nuclear”, obviando toda mención a la invasión agresora.
El vicepresidente JDVance también fue parte activa de la escenificación de la emboscada planificada del Salón Oval. Había sorprendido semanas atrás en la Conferencia de Seguridad en Munich, cuando no mencionó ninguna cláusula o garantía de seguridad para Ucrania en caso de un alto el fuego.
En la reunión tripartita, y con la presencia de periodistas y distintos funcionarios, Zelensky, vestido como lo hace usualmente, pero en esa oportunidad con un atuendo de color negro, diferente al verde oliva tradicional, fue enfático y persistente en la demanda de participación activa en ayuda por parte de EEUU.
Calificó a Putin de “terrorista. Atento que Vance dijo que la salida de la conflagración debía ser a través de la diplomacia, Zelensky inquirió fuerte al gobierno de Trump, señalando que “con que diplomacia podría solucionarse la guerra con alguien como Putin en el poder”.
Una frase quizás desmesurada;”EEUU no está a salvo, pese a los océanos de distancia que lo separan de Rusia, pero lo va a sentir en el futuro”. fue el disparador de las agresiones preparadas.
Comenzó Vance y continuó Trump, quienes pusieron a la defensiva a un Zelensky calmo, pero desorientado y abrumado. Llegaron a referirse a su atuendo inapropiado. Desde que comenzó la conflagración el presidente ucraniano viste y ha recorrido el mundo con esa vestimenta, símbolo del estado de guerra que vive su país. ¿De saco y corbata debería haber sido su presencia?.
Vance lo culpó de irrespetuoso y desagradecido: Le agregó que le faltaban soldados y que debía estar agradecido de Trump por tratar de terminar el conflicto.
Trump lo culpó de comenzar la guerra. Insólito y falaz. De alentar una tercera guerra mundial, de encaminarse a una derrota segura y desaprovechar la posibilidad de ayuda que le ofrece EEUU, siendo permeable a llegar a la paz, incluso cediendo los territorios invadidos y sin solicitar ninguna garantía futura.
Acusó a Zelensky de “faltarle el respeto” a Estados Unidos. “Va a ser muy difícil hacer negocios así” le espetó.
Hubo mas desacuerdos y cruces indebidos, hasta que un Zelensky perturbado y enojado se retiró obviando la conferencia de prensa posterior y la cena programada.
Se había adelantado que en la reunión se firmarían acuerdos bipartitos camino a la paz, donde se establecerían los porcentajes que Ucrania entregaría de sus recursos naturales, incluidos minerales, hidrocarburos y otros elementos extraíbles, por la ayuda americana, incluso por los fondos dirigidos a la reconstrucción.
Todo el acuerdo anunciado queda en suspenso.
Europa apañó solidariamente a Zelensky y la situación es indispensable, vuelva a carriles normales. Vive por su parte,problemas propios derivados de la crisis económica, el costo del Estado de bienestar, la migración descontrolada, los coletazos de la guerra y el wokismo demandante.
Trump está decidido a cambiar el orden internacional establecido post segunda guerra mundial y en la que su país fue actor determinante. El foco esta puesto en su relación con China y Rusia, sin obviar Europa, pero relegándolo en su papel.
Cualquiera sea el devenir futuro, Trump no puede obviar la agresión del dictador Putin a Ucrania, sus alrededor de 250. 000 muertos, más el millón de heridos, incluidos civiles torturados y niños secuestrados. Tampoco las fosas comunes llenas de inocentes.
Imposible no poner foco en la destrucción material y de infraestructura que ha provocado la guerra iniciada unilateralmente por Rusia, fundada en el supuesto derecho de recuperar “territorio propio” como en épocas de la URSS. Ya lo había hecho con Crimea y actualmente ocupa 20% del territorio ucraniano.
Es fundamental también proveer garantías directas y consistentes que aseguren el futuro del país invadido e incluso de los países vecinos a Ucrania.
La situación es compleja y muy difícil, pero el mundo libre y democrático no merecía esta emboscada con puesta en escena propinada al presidente Zelensky.
La democracia está en peligro por los algoritmos dominantes; el mundo libre debe estar atento y precavido y no aumentar las acechanzas con ideas y conductas peligrosas e indebidas.